Salir del armario de las Altas Capacidades II 2

 

 

 

Hola. Me llamo María Ángeles y tengo Altas Capacidades.

 

 

 

Ála, si esto no es Salir del armario de las Altas Capacidades ¡que venga Dios y lo vea!

 

 

Admitirlo de este modo, en plan Alcohólicos Anónimos me ha parecido muy apropiado -sin ánimo de restarle valor al enorme esfuerzo que tienen que hacer las personas que sufren este tipo de enfermedades para reconocerlo. No es mi intención. Simplemente me gusta el impacto que provoca decirlo así. Incluso a mí misma.

 

 

Lo cierto es que me acabo de enterar “oficialmente” y aunque ya lo esté contando a los cuatro vientos – está claro que no puedo guardar un secreto- era un tema que ya llevaba tiempo rondándome la cabeza. Cuando por primera vez la sicóloga evaluó a mi hija y nos confirmó mis sospechas, cuando me eché a llorar como una magdalena, entonces lo supe.

 

 

En aquel instante sonó un resorte dentro de mí, volví a mi infancia y sentí que ya sabía el porqué de todo. Cómo no voy a llorar si todavía hoy me emociono.

 

 

Es muy difícil. Cuando asumes que eres padre de un niño superdotado, llegar a pensar que es posible, aunque sólo sea remotamente, que tú también lo seas… es sumamente difícil. Nosotros, los adultos no identificados, los que hasta hace poco no sabíamos qué eran las Altas Capacidades, nos vemos invadidos por las dudas, por la preocupación, por los nervios incluso y lo último que nos planteamos es conocer o averiguar si también pertenecemos a este curioso grupo.

 

 

Yo, en mis innumerables idas y venidas terapéuticas para encontrarme a mí misma, llegué a asumir que tenía inquietudes y deseos poco comunes, producto de una personalidad extremadamente intensa y sensible. En la gestión de todo ello apareció –evidentemente tras confirmar lo de mi hija- la sombra de la duda. Se parece emocionalmente tanto a mi…

 

 

Y no os voy a engañar, considerando que estos últimos años mi autoestima se encontraba en los confines del inframundo, tomar la decisión de evaluar mis capacidades intelectuales, de averiguar si yo también tenía Altas Capacidades, ha sido sin lugar a dudas lo más valiente y osado que he hecho en mi vida.

 

 

Ha sido duro. La evaluación ha sido de todo menos sencilla. Aunque quería hacerla, aunque necesitaba hacerla, me invadió el pánico antes, durante y después.

 

Antes de la cita me dije a mí misma una y mil veces que “¡vaya tontería!”, “¿acaso te crees Sheldon Cooper?”, “¡eres idiota!.

 

Mientras hacía los dichosos test me bloqueé como la contraseña de mi Facebook y me hice tal auto sabotaje que Alfred Hitchcock me hubiera contratado como guionista. No sabía ni lo que contestaba y me temblaban las manos. Mi recuerdo es una terrible oscuridad mental, sentimiento total de estupidez y el ridículo más absoluto. Horroroso.

 

Y después, ya con la evaluación en la mano, ni siquiera me pareció suficiente. Altas Capacidades claras pero un CI inferior al que necesitaba para entrar en Mensa, lo que confieso era mi principal objetivo. Qué cruz tengo… Volveré a intentarlo, sin duda, pero mi pensamiento fue «horror, prueba no superada».

 

 

En fin, unos días después asumes, relativizas y sobre todo te centras. Que esto no te cambia la vida, que el lunes toca ir a trabajar y que tus hijos sólo quieren estar con una madre normal, ir a la piscina y leer un cuento.

 

 

Aun así saberlo me ha aportado una paz que necesitaba como un maná. Es como cuando tienes un mal, una enfermedad, cuando algo no va bien y das vueltas y vueltas por los médicos y sanadores varios buscando un diagnóstico. Si lo encuentras, el mal sigue estando ahí, pero como ya lo conoces, como ya sabes cómo se llama, puedes encontrar las armas adecuadas para acabar con él.

 

 

En realidad yo no definiría las Altas Capacidades como un mal, en todo caso para mí son un don, que como cualquier otro conlleva una gran responsabilidad. Pero la idea es la misma, identificas el mal, el problema o el don y a partir de ahí usas las herramientas adecuadas para curarlo, solucionarlo o gestionarlo adecuadamente.

 

 

Con responsabilidad.

 

 

Mi responsabilidad, la mía, será la de hacerlo cada vez mejor conmigo misma y con mis hijos. La de dar a conocer desde mi propia experiencia todo lo que siento y lo que vivo respecto a este tema. La de informarme y formarme lo mejor posible y sobre todo la de normalizarlo.

 

 

Asi que hoy lo digo alto y claro. Desde la mayor humildad porque sigo siendo la misma persona. No esperes más de mí. Sigo siendo yo.

 

 

 

Hola. Me llamo María Ángeles y tengo Altas Capacidades.

 

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