Mis peques ya llevan alguna semana de vacaciones y, tal y como suponía, el aburrimiento del no tener nada que hacer se les viene encima.

 

Las mañanas pasan rápido, más que nada porque tienen el sueño cambiado y se levantan a las tantas pero, por las tardes,  como no sea día de piscina o yo me escaquee de ocupar su tiempo fuera de casa haciendo de madre devota, se produce  esta simbiosis de niñ@- tablet-movil-tv que hace de las suyas en sus jóvenes cerebrines.

 

Y algo hay que hacer, además de predicar con el ejemplo que, dicho sea de paso, me está costando más que dejar de fumar- así que le di al coco y les dije la verdad.

 

«que sus cerebrines no son lo suficientemente fuertes como para soportar estoicamente las ondas ultrasónicas, beta, gamma y vete tu a saber qué más, que emiten estos aparatejos, y que de tanto verlos se les están derritiendo las neuronas … «

 

Como mi hija, un poco especial ella para este tipo de comentarios -vaya, que se los toma al pie de la letra- me puso una cara de susto terrible pensando la pobreta realmente que su materia gris había empezado a derretirse cual helado al sol, y aseguró con vehemencia que no iba a tocar la tablet ni el móvil hasta los 15 años (ahora tiene 8 años), traté de suavizar las cosas y les dije que más bien, al usar tanto estos cacharros su cerebro se volvería vago, tardaría en aprender cosas nuevas y su creatividad y curiosidad natural caerían por un precipicio hacia la tierra del «ya no se ni pensar».

 

Tras semejante argumentación por mi parte aceptaron con estoicismo no volver a tocar estos gadgets, e incluso negociamos el compromiso de realizar un par de tareas más instructivas para cada uno: mi peque de 5 años me dibujará cada día en un folio lo que se le ocurra, escribiendo también una palabra junto al dibujo y la mayor escribirá una pequeña historia, cuento o cualquier otra cosa que le apetezca. La idea, cláramente, que escriban y dibujen, todo ello a cambio de pasar más tiempo juntos jugando a lo que ellos quieran.

 

¡Y hoy ha sido el primer día!

 

Y hemos sobrevivido. No ha habido gritos ni lágrimas ni desesperación por no usar estos artilugios. Han cumplido sus compromisos y hemos ido juntos a la compra; por supuesto he caído en comprarles algún capricho pero educativo, que yo soy muy fan de los libros, así que ni tan mal. Les he visto  felices y me siento bien.

 

Quizás haya quien piense que me equivoco, pero creo yo que lo venia haciendo mal. Ahora si se aburren tendrán que currárselo porque ya no habrá videos de YouTube Kids que se lo den todo hecho, ni dibujos animados que los mantengan ensimismados, ni juegos en los que únicamente utilizan sus dedos sobre un teclado.

 

Así que por mí bien, ¡Muy bien!!! ¡¡¡ Me aplaudo!!!

 

Sin embargo reconozco que yo estoy enganchada al movil, que se me ha hecho duro dejarlo aparcado en la mesa de la cocina porque tengo que darles ejemplo, y que ahora ando vaciando mis ideas a las dos de la mañana en la aplicación  de notas de esta creación  maléfica y sin pegar ojo porque me produce insomnio.

 

 

 

Igual con suerte aprendo de ellos y disfruto de volver a escribir con pluma y papel…

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