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La inteligencia. El punto de partida.

 

Cuando le preguntas a una persona que no tiene relación con el mundo de las Altas Capacidades ¿Qué diferencia a los superdotados de aquellos que no lo son? es frecuente que te responda con una frase tan sencilla como contundente: «Que son mucho más inteligentes que los demás«. En este colectivo nos sangran los oídos cuando escuchamos algo así, pero es obvio que si gran parte de la sociedad lo piensa cabe preguntarse al menos qué es la inteligencia y qué supondría entonces ser más inteligente.

 

La inteligencia. El punto de partida.

Al igual que lo ha hecho el ser humano el concepto de inteligencia ha ido evolucionando a lo largo del tiempo, aunque en la actualidad no existe una sola definición sobre lo que es o no inteligencia y su interpretación varía en función del campo de actuación o del experto en cuestión.

Veamos algunas definiciones,

2014. Diccionario de la RAE

1.- Capacidad de entender o comprender.

2.- Capacidad de resolver problemas.

3.- Conocimiento, comprensión, acto de entender.

4.- Sentido en que se puede tomar una proposición, un dicho o una expresión.

5.- Habilidad, destreza y experiencia.

6.- Trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí.

7.- Sustancia puramente espiritual.

8.- Servicio de inteligencia.

Este concepto de inteligencia está basado en la capacidad o aptitud que tiene el ser humano para entender las cosas y resolver problemas y su visión está más ligada a la biología, que defiende, que la clave del aprendizaje y la memoria del ser humano está en sus redes neuronales.

Ser muy inteligente sería por tanto una cuestión de genética, y puede que hasta hereditaria -de ahí que «el superdotado nace, no se hace».

Este es el punto de vista que ha llevado a la elaboración de los famosos Test de Inteligencia, que tratan de medir de manera más o menos efectiva esta capacidad para posteriormente establecer comparaciones entre distintos individuos.

Y como indica Roberto Sanz en su blog, ésta es una concepción psicométrica de la Alta Capacidad basada en el análisis factorial y, sin duda, la más utilizada a nivel educativo ya que postula que es el resultado del test (CI superior a 130) el que determina si el individuo es o no superdotado.

Pero si se entiende que a la hora de realizar este test el resultado obtenido no sólo es consecuencia de la capacidad del individuo sino que influyen otros factores como las emociones, la cultura, el tipo de preguntas e incluso el espacio en el que se desarrolla el test y los conocimientos y experiencia del evaluador para determinar esos mismos resultados, se podría deducir que este sistema no es del todo fiable.

De ahí que nazcan otras teorías.

 

1999. Howard Gardner. Teoría de las inteligencias múltiples

La inteligencia es un potencial biopsicológico para procesar información que se puede activar en un marco cultural para resolver problemas o crear productos que tienen valor para una cultura. 

El punto de vista de Howard Gardner para elaborar su Teoría de las Inteligencias Múltiples está basado en disciplinas como la genética, la neurología, la psicología y la antropología, y defiende que no existe una sola inteligencia general que se pueda medir por un test convencional de cociente intelectual, sino que existen al menos ocho tipos de inteligencias que constituyen el conjunto de herramientas intelectuales del ser humano.

Estas inteligencias serían la espacial, corporal kinestésica, musical, lingüistica, lógica matemática, interpersonal, intrapersonal y naturalista.

Bajo su perspectiva todos los seres humanos tienen la capacidad de desarrollar estas inteligencias, aunque cada uno tenga un perfil intelectual distinto.

Afirma además que no se pueden medir con los test convencionales de cociente intelectual porque éstos evaluan las inteligencias lingüistica, lógico matemática y algo de la espacial, pero no el resto. Y tampoco se pueden medir con el test MIDAS creado por el psicólogo Branton Shearer a partir de su teoría porque las respuestas son proporcionadas por el propio sujeto y por tanto sujetas a autoengaño.

Además Howard Gardner se ha planteado también la existencia de las inteligencias pedagógica y existencial, lo que añade más piezas a esa gigantesca caja de legos con la que todos nacemos y con la que tratamos, en mayor o menor medida, de construir una vida plena.

Su teoría hace muy difícil determinar quién es o no más inteligente que otro, ya que lo que nuestra sociedad entiende como tal sólo se traduce en un individuo cuyas inteligencias lingüsticas, lógico matemáticas y espaciales están mucho más desarrolladas, lo que no implica que quienes no las tengan así sean «menos inteligentes».

Y obviamente se podria pensar que superdotado sería aquél que tuviera hiperdesarrolladas todas y cada una de ellas pero, ¿Cómo medir algo así? ¿Realmente es posible?. Quizás lo sea en un futuro, pero de momento ni el propio autor lo contempla.

Así que en palabras de Albert Einstein «Todos somos unos genios», lo que nos lleva a reflexionar sobre las consecuencias de encorsetar y medir a los demás porque como añadió a esta primera frase «Si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido.»

2019. Robert J. Sternberg. Teoría de la inteligencia adaptativa.

Inteligencia es la adaptación propositiva, la selección y el moldeamiento del entorno relevante del mundo real en la vida de un individuo. Dicho de una forma sencilla: es el autogobierno mental. 

Aunque a Robert J. Sternberg se le conoce más por su Teoría Triárquica de la inteligencia es la inteligencia adaptativa o dicho de otro modo, la capacidad que tiene el ser humano para adaptarse al entorno, lo que él considera inteligencia.

Insiste – al igual que Howard Gardner- en que ya no es posible definir la inteligencia únicamente como la capacidad cognitiva del individuo sino que lo importante, lo que siempre ha sido importante para el ser humano, es su capacidad de adaptación al medio ambiente.

Y aunque ésta definición parezca sacada del libro El orígen de las especies de Darwing, no se trata únicamente de cambiar uno mismo para adaptarse al entorno -como han hecho numerosas especies- sino también de cambiar el entorno para adaptarlo a uno mismo y si es necesario, seleccionar o moldear también otros entornos.

En palabras del autor «Persistir en una noción de inteligencia que ha demostrado ser peor que inútil para resolver, y mucho menos abordar, los problemas sociales, es negligente».

En varios de sus artículos hace mención al hecho de que las pruebas de cociente intelectual nunca han medido lo que es importante porque no evalúan las respuestas del individuo para con los problemas del mundo real, y si somos seres tan inteligentes ¿Por qué continuan increscendo las pandemias, las enfermedades, las guerras, las diferencias sociales…?, ¿Por qué estamos acabando con un planeta que necesitamos para vivir?.

Lo que realmente habría que desarrollar y evaluar -concluye- son las habilidades de adaptación del ser humano y su voluntad de hacer de éste un mundo mejor.

Lo que nos lleva a…

1995. Daniel Goleman. Inteligencia emocional.

La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos.

Basándose en una intersección entre la psicología, la neurociencia y el estudio de las emociones, Daniel Goleman da un paso más allá observando una vez más que el éxito en la vida no depende del cociente intelectual sino de la inteligencia emocional, es decir, de las habilidades que se tienen para reconocer los sentimientos propios y ajenos y sobre todo, para responder ante ellos.

La inteligencia emocional incluye 5 dimensiones básicas que a su vez son la base para otras 25 competencias emocionales que, de desarrollarse de la forma adecuada, nos permitirán alcanzar el éxito. (D. Goleman. Inteligencia Emocional en la práctica)

Dimensiones como la Autoconciencia, la Auto Regulación, la Motivación, la Empatía y las tan familiares Habilidades sociales, que comprenden competencias como la conciencia emocional, el autocontrol, el compromiso, el comprender a los demás, la comunicación y el liderazgo entre muchas otras.

Para Daniel Goleman el «superdotado emocional» sería aquel que domine al menos seis de estas competencias, siempre y cuando estén repartidas en las cinco dimensiones, es decir, un mínimo de una competencia por dimensión y algo más. Algo dífícil, sin duda, aunque la buena noticia es que la inteligencia emocional se puede y se debe aprender.

En palabras de Aristóteles, «Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo corrrecto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo».

En definitiva,

No es fácil definir qué es la inteligencia y menos lo es determinar quién es o no más inteligente que otro.  La inteligencia humana es sumamente compleja y tener algunas capacidades mucho más desarrolladas no es garantía de éxito.

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