Si te interesa el desarrollo personal y eres un aprendiz y consumidor acérrimo de contenidos, verás con frecuencia la enorme importancia que se le da a la necesidad de buscar tu propósito en la vida.

 

Y es que no es lo mismo dedicar tus esfuerzos a hacer lo que te gusta, que hacer tu trabajo sin más motivación que la de pagar la hipoteca. Así que para evitar andar por ahí como un autómata programable, parece que la clave está en averiguar cuál es tu propósito en la vida.

 

El Propósito. Santo Grial del Desarrollo Personal.

 

Si escuchas a Raúl Hernández González en su podcast «Hacer lo que amas vs Amar lo que haces» de Diarios de un Knowmad, sientes una bofetada de realidad en toda la cara, de las buenas sí, pero bofetada al fin y al cabo.

 

Porque este consultor, coach, desarrollador de contenidos y no sé cuántas cosas más, de una manera sencilla y en un estilo propio, te hace ver que buscar tu propósito en la vida cual águila tras su presa, para luego dedicarte a ello en cuerpo y alma «haciendo lo que amas», igual no es tan bonito como lo pintan, y quizás, sólo quizás, aprender a disfrutar de lo que haces también sea una gran opción.

 

Pero bueno, mejor empecemos por el principio,

 

¿Qué es esto del propósito?

 

Aunque la RAE define «propósito» como «un objetivo a alcanzar», cuando se habla de desarrollo personal propósito sería más bien aquello para lo que has nacido, para lo que estás en este mundo y que da sentido a tu existencia. Bueno, sin ponerse muy filosófico se trataría de encontrar tu don, tu talento y utilizarlo en algo que te llene y te haga feliz.

 

Imagina que eres Superman,

 

Tienes super fuerza, visión rayos X y sabes volar. Podrías dedicarte a levantar pesos, ser técnico de rayos o vigilar la seguridad de los aviones en pleno vuelo. Pero no se trata de eso. Tener un don o un talento no implica que hacer simplemente algo útil con él te vaya a hacer feliz, tienes que encontrarle un sentido, un motivo más íntimo, más profundo.

 

Averiguar cuál es tu misión.

 

La misión de Superman, como todo superhéroe, es salvar a la humanidad e impedir que los malos dominen el mundo. Casi nada, ¿verdad? pero ahí es donde está la clave, en encontrar para qué te sirven estos dones, estos talentos, y con qué te sentirías realmente a gusto usándolos.

 

 

Como dijo Mark Twain, «Los dos días más importantes de tu vida son el día en que naces y el día en que descubres por qué».

 

 

Sin embargo, si reflexionamos un poco sobre ello podemos ver que no todo es de color rosa. Superman anda por ahí volando con una capa y un pijama rojos, gastando litros y litros en gomina, escondiéndose detrás de unas gafas con apariencia de intelectual despistado y peor aún, enamorado de una chica que al parecer no lo reconoce ni en las distancias cortas.

 

Está claro que hacer lo que te gusta también tiene su lado malo. Como dice Raúl Hernández igual has querido ser un fotógrafo toda tu vida, pero luego vas y te dedicas a hacer fotos de carné e ir los fines de semana a bodas y bautizos. O al final lo consigues y eres un fotógrafo de éxito, que hace exposiciones, viajes y magia con su cámara, pero seguramente en ello también habrá algo que no te guste y con lo que no contabas.

 

Lo que nos lleva al siguiente nivel.

 

¿Y si no sé cuál o cuáles son mis dones?, ¿Y si no logro encontrar mi propósito?

 

Hay gente que por mucho que busque no encuentra su don especial. Otros tienen infinidad de intereses, tantos que les es difícil centrar el tiro. Hoy sueñan con ser grandes escritores y mañana quieren sacarse la carrera de psicología. Pasan de una cosa a otra a la velocidad de la luz, sin sentirse nunca plenos. Y los habrá que simplemente no deseen complicarse tanto la vida, que tan sólo quieran una dosis razonable de felicidad y de disfrute en su día a día.

 

Por tanto, independientemente de tus dones, talentos, propósitos o misiones, ¿Por qué no disfrutar de lo que tienes? ¿Por qué no buscar magia en lo que ya haces?

 

Imagina que eres ama o amo de casa.

 

Quizás lavar la ropa, hacer la comida, preparar el almuerzo de tus hijos o coger todo el día el coche para llevarlos de una extraescolar a otra, no te parezca importante. Nos han educado con la creencia de que ser médico, ingeniero aeronáutico o científico lo es mucho más, pero como hemos dicho no es oro todo lo que reluce y seguramente, en algún momento, quien tenga ese empleo con el que tú sueñas, desee tener tiempo para poder planchar tranquilamente sus camisas escuchando música, prepararle la bolsa del almuerzo a sus hijos y llevarlos y traerlos cada día del colegio.

 

No obstante la idea no es restarle importancia a las ventajas de buscar tu propósito, ni mucho menos a la conveniencia de luchar por tus sueños, sino añadir a todo esto una pequeña dosis de realidad para que seas mínimamente sensato al hacerlo.

 

Para que si no te encaja el Plan A, sencillamente te apuntes al Plan B.

 

Sacar el mayor partido a lo que ya estás haciendo.

 

Que no te encanta tu trabajo, pues le das vuelta y media y lo miras con otra perspectiva. Piensa en aquello que sí te gusta de tu trabajo, en todo lo que te aporta, en las pequeñas cosas del día a día que te gustan y que incluso anhelas. Trata de hacerlo mejor cada día, aprendiendo todo lo que puedas por el camino. Pon atención en aquello que más te desespera, porque igual en lugar de enfatizarlo encuentras el modo de cambiarlo. Y sobre todo, disfruta de algo, por pequeño que sea, cada día.

 

Al fin y al cabo el trabajo y la vida no son como los cuentos de hadas, con sus príncipes azules y sus «felices para siempre», pero si los cuidas, los mimas y les pones lo mejor de ti mismo, al final verás como escribirás un gran guion.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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