AACC y autoestima

 

 

Autoestima: Valoración generalmente positiva de uno mismo.

Fuente RAE

 

Es frecuente, a la par que curioso, encontrarse con un adulto superdotado y problemas de autoestima.

 

Curioso, porque se supone que al ser superdotado su inteligencia es superior a la media, y siendo superior en algo…

 

 

 

¿Por qué esa baja autoestima? ¿Qué la produce?

 

 

 

Parece ser que el origen de la misma data de la infancia, donde los superdotados se intuyen diferentes con frecuencia y pueden sentir rechazo y exclusión por ello. Y aunque previsiblemente de adultos este tipo de cosas se deberían haber superado, en muchos casos no es así.

 

Algunos han aprendido a disimular su baja autoestima poniéndose una máscara de indiferencia, otros de auténtica falsedad y la mayoría simplemente sobreviven a ella como buenamente pueden.

 

Gran parte de los sicólogos especializados en el tema inciden en que la causa es su escasez de habilidades sociales, ya sea porque han tenido una infancia con pocos amigos -o ninguno-, porque no han sido atendidos en sus necesidades o porque se han perdido esa etapa de adolescente en la que quizás no piensas mucho, pero experimentas y te relacionas, creciendo igualmente como persona.

 

Sin ser contraria a estas opiniones se me ocurre que en muchos adultos superdorados, la baja autoestima les viene más bien producida por su singular triada: la autoexigencia, el perfeccionismo y la alta sensibilidad, dando por sentado que esta última con las AACC no siempre van de la mano.

 

 

 

Autoexigencia

 

 

 

Autoexigencia porque se esfuerzan en dar siempre lo mejor de sí mismos. Sienten que tienen ciertas responsabilidades con el mundo en el que viven y deben dar siempre, como poco, el 100 %.

 

Autoexigencia que se torna en baja autoestima quizás porque saben que no serán nunca lo suficientemente buenos en nada. Son plenamente conscientes de que el conocimiento es ilimitado y, siendo ilimitado, nunca alcanzarán el nirvana de la sabiduría.

 

 

 

Perfeccionismo

 

 

 

Perfeccionismo porque no pueden ni saben hacer las cosas de otra manera. Y peor aún, no entienden que otros no las hagan igual. Evidentemente eso no ayuda en las relaciones sociales y menos en la edad adulta y en entornos laborales.

 

A veces ese perfeccionismo les lleva a consumir un tiempo excesivo en alguna tarea que no lo merece. A perderse en los laureles, como suele decirse. Y luchan con dejar algo «a medias», o con no hacerlo tan bien como estiman que debe hacerse para no perder el tiempo y dedicarse a otra cosa más productiva, pero su mente les traiciona una y otra vez y les lleva a pensar en eso que no han terminado, a dispersarse, generándoles cierta ansiedad hasta que no lo cierren como es debido.

 

El perfeccionismo, al igual que la autoexigencia no son malos. Llevados de una manera positiva hacen que se alcance la excelencia o que al menos uno sea realmente bueno en aquello en lo que pone su foco de atención. Sin embargo, llevados de manera negativa, puede consumir y arrastrarte al lado oscuro.

 

 

 

Alta Sensibilidad

 

 

 

La alta sensibilidad porque tienen siempre la piel en carne viva. Todo les afecta de un modo superlativo y desearían con todas sus fuerzas ser como los demás que, por otra parte y en el mejor de los casos, les miran con condescendencia si no es que les ponen de los nervios.

 

La alta sensibilidad como la autoexigencia y el perfeccionismo también tienen su lado bueno. Permiten ser buena persona. Sobre esta afirmación habrá quien no esté de acuerdo, ya que opinan que una persona altamente sensible puede ser igualmente una mala persona, pero no lo comparto.

 

Según APASE, la Asociación de Personas con Alta Sensibilidad de España, una persona con alta sensibilidad «suele sentir empatía con el sufrimiento ajeno y una gran disposición a ayudar a los demás«,  por lo que ser buena persona les viene de serie.

 

Por otra parte, la alta sensibilidad enfocada negativamente puede ser insufrible tanto para ellos como para sus familiares, amigos y compañeros. Su poca aceptación de las críticas, dificultad para adaptarse al cambio, su sufrimiento constante acaban agotando.

 

 

 

Creer en tí mismo

 

 

En todo caso, a fin de luchar con la baja autoestima se hace indispensable conocerse a si mismo. Aceptar sus altas capacidades, entenderlas, conocer sus limitaciones (que las tienen) y hacer todo lo posible por superarse.

 

Nadie, superdotado o no, debería tener la autoestima por los suelos ya que todos valemos, y mucho. Cada uno tiene sus puntos fuertes y debe potenciarlos.

 

Creer en tí mismo es fundamental. No se trata de ser más o menos que otros, se trata de aceptarte tal y como eres, tratar de mejorar aquello que no te guste de tí y creer en que eres tu mejor versión.

 

La fórmula mágica para superar una baja autoestima, seas superdotado o no, está sencillamente en creer en tí mismo. Nada más.

 

Porque tú lo vales… 

 

 

 

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