gestion de cambio

 

 

Según la RAE la resiliencia es «la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos» aunque también se refiere a ella como «la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial, cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido».

 

Luis San Martín, coach ejecutivo y consultor organizacional (The coaching Quality) la define como «el tiempo que tardamos en volver a una situación de equilibrio después de sufrir estrés», incorporando un matiz muy importante, «que no se trata de volver a una situación de equilibrio sin más, sino de haber aprendido algo con la experiencia».

 

Resiliencia

 

Una palabra que hoy en día está en boca de todos y que de alguna manera habla, como bien hemos podido intuir en estas definiciones, de nuestra habilidad para gestionar los cambios y aceptar que, queramos o no, ya no vamos a poder volver al punto de partida, aunque como dice Luis, sí al de equilibrio.

 

Y se trata de «habilidad» porque como tal, es cuestión de tiempo, y se puede desarrollar.

 

Por supuesto que hay quienes tienen impreso en su ADN esta cualidad y cuando les sucede algo importante, algo que les saca de repente de su zona de confort, tardan microsegundos en reaccionar y poco tiempo después se erigen en los líderes del cambio, gestionando la incertidumbre con la misma elegancia con la que un calígrafo traza sobre el papel sus delicados textos.

 

Son las personas llamadas «resilientes».

 

Personas que en situaciones de crisis son capaces de sacarle a uno una sonrisa, de aportar soluciones, de gestionar la situación colocando cada cosa en su lugar. Personas que se crecen ante las dificultades y por las que sentimos verdadera admiración. Son líderes innatos.

 

Otros, los más, pasan por este proceso de cambio de forma lenta y pesada, sufriendo por lo que están viviendo, sintiéndose cada día de forma diferente: hoy como el Pájaro Loco y mañana como Superman.

 

Son los que no teniendo esta cualidad acaban viviendo estos procesos de cambio al igual que un duelo.

 

 

Duelo

 

Todo duelo empieza con una pérdida. La pérdida de un ser querido, del empleo, de la sensación de seguridad, la libertad, la salud o simplemente de nuestro estilo de vida. Cualquiera de ellas puede ser la desencadenante de un proceso de duelo.

 

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross identificó cinco etapas en un proceso de duelo: Negación, Ira Negociación, Depresión y Aceptación.

 

La negación

 

Es el momento en el cual sentimos que hay una diferencia entre lo real y lo irreal, cuando nos decimos a nosotros mismos que esto no ha pasado, aunque sepamos que sí. Esto nos ayuda a aceptar la realidad de modo menos traumático.

 

La ira

 

Es el momento en el que nos enfadamos por lo sucedido, en el que explotamos. Buscamos culpables aunque no los haya.  Estallamos y nos comportamos de manera más irracional.

 

La negociación

 

En esta etapa nos preguntamos por el «tal vez», el «quizás» o el «si yo». Tratamos de ver el antes preguntándonos qué deberíamos haber hecho para evitarlo, o dependiendo del caso, cómo podríamos habernos preparado para ello. Es cuando ideamos estrategias que nos harían ahora las cosas más fáciles.

 

La depresión

 

Aquí somos como un barco que se hunde por el azote de la tristeza. Estamos al borde de un abismo, llenos de miedo, sin rumbo. En algunos casos podemos aislarnos del resto de personas ya que no nos sentimos capaces de enfrentarnos a nuestras emociones. Es la del «déjame en paz» y «necesito estar solo/sola» para «poder asimilarlo».

 

La aceptación

 

Finalmente aceptamos los hechos y en la medida de lo posible tratamos de sobreponernos a ello. Aprendemos. Crecemos y con suerte nos transformamos.

 

 

Resiliencia y Duelo

 

Nuestra habilidad para pasar por una situación difícil, adaptarnos a ella y superarnos a nosotros mismos, aprendiendo incluso de ello, es lo que se conoce por resiliencia.

 

Para superar una situación muy difícil, una gran pérdida, algunos de nosotros transitamos el camino de las emociones, dominados unas veces por la incomprensión, otras por la ira, la desesperanza, el miedo… hasta llegar finalmente a la serenidad.

 

Aquellos que tienen la cualidad de la resiliencia puede que ni siquiera lleguen a pasar por estas etapas, o si lo hacen sea de forma superficial, logrando de un plumazo obtener la calma que todos ansiamos en nuestro día a día.

 

Pero no todos somos héroes ni líderes, así que pasamos por los momentos difíciles como mejor sabemos, tratando de superar las cosas de la mejor manera posible, aprendiendo de ello. Y al hacerlo también estamos desarrollando de algún modo esta cualidad, porque la resiliencia, si no se tiene, se aprende.

 

Y hacerlo o no, como todo, sólo es cuestión de actitud.

 

 

 

 

 

 

 

 

Pin It on Pinterest

Share This