La Ley de la Atracción

 

 

 

La Ley de la Atracción es la creencia de que nuestros pensamientos, conscientes e inconscientes, crean nuestra propia realidad y por tanto, modificando éstos podemos atraer la realidad que deseamos.

 

 

De un modo resumidillo ¡claro!

 

 

No soy una persona versada en psicología, ni en ciencias ni en mitología, pero en mi pequeño entorno conozco quienes aplican los principios de esta ley como un mantra. Y dicen que les funciona.

 

Estos principios son más o menos los siguientes:

 

1.- Definir claramente qué es lo que queremos.

2.- Pensar de forma consciente en nuestro objetivo.

3.- Creer realmente que lo hemos conseguido.

4.- Estar abierto a lograrlo.

 

 

En resumidas cuentas: Primero juegas con un pensamiento, luego lo perfeccionas, te lo crees y finalmente pasas a la acción.

 

 

 

Pues por mi bien, ¡bravo!, parece fácil ¿no? Porque no lo es.

 

 

 

Personalmente llevo más de un año con el libro Creando a Matisse sobre la cabecera de la cama. En este libro la Dra. Michelle K. Nielsen nos indica qué pasos debemos dar para conseguir aquello que verdaderamente deseamos. Cuenta que ha llegado a desarrollar un método sencillo que ella misma puso en práctica para poder ayudar a su hijo Matisse, tras nacer éste de forma prematura con grandes limitaciones físicas y mentales.

 

 

Hasta que no llegó a mis manos yo no había oído nunca hablar de la Ley de la Atracción. Fue una recomendación de una amiga algo friki que me quiere bien.

 

 

No es que el libro sea malo – aunque tampoco es Las Cincuenta sombras de Grey– pero es que hay algo que hace que no pase de los primeros capítulos. Me lo he mirado por encima, lo he empezado una y otra vez, e incluso he puesto en práctica alguna de sus recomendaciones, aunque no logro leerlo hasta el final. No sé bien por qué.

 

 

Supongo que vivo una especie de lucha interior que me impide terminarlo, como si mi subconsciente me dijera que es un típico libro de autoayuda, o quizás sea que en el fondo me da miedo. A ver si va a ser verdad. No estoy segura.

 

Pensemos en la Ley de la Atracción desde un punto de vista lógico.

 

 

Pongamos por ejemplo que me levanto una mañana preocupándome porque igual va y me sale un sarpullido, o porque existe la posibilidad de que me quede sin trabajo, o porque mi marido me va a abandonar por una mujer más joven y bella. Ese día seguro que mi humor será de todo menos bueno.

 

Pongamos que al día siguiente repito este patrón de pensamiento, y me voy recreando en él como si lo creyera firmemente. Empiezo a mirarme la piel con detalle, a comprobar su textura y su color. En el trabajo me preocupo y observo con suspicacia el comportamiento de mis superiores hacia mí, y a mi pobre marido lo interrogo preguntándole si sería capaz de abandonarme vilmente por otra mujer. Un día malo de nuevo. Quizás hasta para ambos.

 

Al día siguiente vuelvo a decirme las mismas cosas, hasta llegar a creérmelas.

 

Y al siguiente, y así sucesivamente durante, pongamos, un año.

 

¿Cuántos creerán que se hará realidad? ¿La mayoría no?

 

Ya que inconscientemente empezaré a hacer cosas que provoquen tarde o temprano esa situación. Si temo el sarpullido acabaré rascándome y el estrés derivado de mis preocupaciones lo hará realidad. Si me da tanto miedo perder el empleo y me obsesiono con el tema caerá mi rendimiento y es posible que me despidan. Y no cabe duda de que si ahogo a mi marido en dudas, no sé si encontrará una mujer más joven y bella que yo –que lo tiene difícil- pero nuestra relación será de todo menos buena.

 

 

Entonces, por lógica, si pensamos en positivo sucederá lo mismo.

 

Ya está. Ahí lo tenemos. ¡He ahí nuestra Ley de la Atracción!

 

 

No se trata tan solo de soñar porque como dicen los expertos en el tema, también hay que actuar. Vaya, que si pensamos día sí y día también en que nos va a tocar la lotería, aunque nos recreemos en cómo será nuestra vida cuando eso suceda y nos lo lleguemos a creer a pies juntillas, es poco probable que pase si al menos no compramos el cupón.

 

 

Me gustaría pensar también, y esto es cosecha mía, que aquello que soñemos debe ser algo bueno, y si puede ser, en beneficio no sólo nuestro sino también de la sociedad. Quiero creer que la Ley del Universo no funcionara para maldades varias, porque iría contra su naturaleza.

 

 

Quizás no se trate de la Ley de la Atracción, ni de La Ley del Universo, sino más bien de una especie de reprogramación neurolingüística, y la PNL sí que funciona.

 

 

Lo que está claro es que siendo más positivos, creyendo en nosotros mismos y en nuestros proyectos, recreándonos en los detalles y finalmente teniendo la fe necesaria para confiar en que se harán realidad, tarde o temprano, serán realidad. Porque estaremos mentalmente abiertos al cambio, a la posibilidad de su existencia, y actuaremos en consecuencia.

 

 

Confío plenamente en ello. ¿Y tú?

 

 

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