Tu yo de 16

 

 

Hace poco ví un anuncio de televisión en el que un hombre hablaba con «su yo» de 16 años. Lo cierto es que no recuerdo muy bien qué anunciaban pero me enganchó la idea de poder hablar con «tu yo« de 16.

 

Cuando cumplimos años a veces añoramos nuestra juventud, esa época en la que todo nos parece posible porque en realidad todo está por hacer. No pensamos mucho en el camino que queremos seguir y vivimos el día a día, con las hormonas revolucionadas y las emociones a flor de piel.

 

Ahora, treinta años después, recordando ese anuncio imagino una conversación con mi yo del pasado.

 

 

¿Qué se supone que nos diríamos?

 

 

¿Acaso me echará en cara una vida rutinaria y sin altibajos? ¿Ensalzará el hecho de que haya construido una gran familia? ¿Me preguntará por mi trabajo? o ¿Esperará ansiosa que le relate mis grandes experiencias?

 

Siento escalofríos. No es como pensar en la muerte, en ese último estertor donde ves tu vida pasar, deseas arañar diez segundos más al tiempo y te arrepientes o no de cómo has gestionado tu vida. Es una situación distinta en la que te enfrentas a tí mismo ahora, teniendo tiempo por delante, con margen de maniobra.

 

Toca hacer un balance entre tus sueños e ilusiones del pasado y tu realidad.

 

Si ves que hay equilibrio, pues toca celebrarlo a lo grande, tu yo del pasado con un cubata de vodka barato y tu yo del presente con un buen vino, que para algo es el mayor.

 

 

Pero ¿Y si nada encaja?

 

 

¿Y si ves que las respuestas que das no son las que hubieras querido escuchar? ¿Y si algo te dice que no lo estás haciendo bien? ¿Y si sientes que te estás equivocando?

 

En este caso toca recapacitar sobre ello y darle un giro de tuerca a la llave de tu vida.

 

Y no siempre se trata de mandarlo todo al carajo, que parece que siempre que notamos que algo no encaja tomamos la decisión de dejarlo todo atrás y empezar de cero. Si esto pasa quizás debas únicamente enfrentarte a tí mismo, a tus emociones, a tus sentimientos, y buscar en tu interior qué deseo te mueve.

 

 

El deseo que te mueve

 

 

Si se supone que en esta conversación tus sueños e ilusiones se han quedado por el camino, ¿Por qué no intentarlo? El tiempo está ahí, no estás en el final de tu vida sino en una mitad que todavía te permite moldear tu futuro a tu antojo.

 

En realidad lo más difícil es saber qué es lo que te mueve, cuál es tu deseo, ya que igual lo has olvidado con el paso de los años o igual nunca lo has sabido.

 

Si no es tu caso y lo tienes ahí, en tu corazón, no hay mayor problema. Debes darle vida desde ahora mismo.

 

Y si no sabes cuidado, porque el deseo que te mueve no es algo material. Va más allá. No se trata de tener un mejor físico o alcanzar el éxito, de encontrar al amor de tu vida o escribir un libro. Esto son sueños, ideas preconcebidas de cosas que cuando tengamos nos harán felices por un tiempo.

 

Tu life motive es otro. Estoy hablando de tu propósito en la vida. Y no tiene por qué ser uno solo.

 

Si me encontrára con mi yo de 16 sé que se sentiría orgulloso de mí en muchos aspectos aunque quizás en otros no tanto. Tampoco se trata de que todo sea perfecto, – o al menos eso es lo que le diría-.

 

Pese a que mis experiencias no merezcan un libro y mis viajes a playas cercanas con los niños no vayan a hacer historia, sé que en el fondo me miraría a los ojos y descubriría que sigo ahí. Que sigo siendo yo, y que continúo intentándolo.

 

 

Y tú, ¿te atreves a hablar con tu yo de 16?

 

 

 

 

 

 

 

 

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