Sistema Educativo

 

Hoy he leído el post del blog Incansable Aspersor sobre los últimos Datos del Alumnado con Altas Capacidades en nuestro país, donde Jose Luis -su artífice- describe con crudeza cómo vamos de mal en peor. Y parece que me leyera el pensamiento porque llevo semanas reflexionando sobre nuestro Sistema Educativo, luchando contra la necesidad cada vez mayor de expresar mi punto de vista y la conveniencia de no hacerlo.

 

Porque ya se sabe, si no vas a decir nada bueno, quizás lo mejor sea el silencio.

 

Y es que el coronavirus ha puesto contra las cuerdas a nuestro Sistema Educativo, mostrando al  mundo su obsolescencia, su abandono y peor aún, su desidia. Nada que no supiéramos los que llevamos tiempo en el mundo de las Altas Capacidades, pero toda una sorpresa para más de uno que hasta la fecha lo defendía a capa y espada.

 

Y hablo del sistema educativo en general, no de las personas que lo componen, ya que entiendo que como en cualquier empresa habrá profesionales dentro de él con gran talento, sin embargo éste ha sido incapaz de reaccionar, de adaptarse y de continuar prestando sus servicios. Se ha quedado en un estado de parálisis en el que curiosamente ha conseguido trasladar el cumplimiento de su principal objetivo -proporcionar una educación de calidad- a sus propios clientes -los padres y los alumnos.

 

Quienes trabajamos en el sector privado y sabemos lo difícil que ha sido adaptarse a esta situación, vemos con asombro cómo esta gran empresa ha hecho lo imposible, cerrar a cal y canto y aún así «seguir vendiendo».

 

¿Y por qué ha podido hacerlo? Porque su producto se lo ha permitido.

 

Un producto de primera necesidad, que debemos seguir consumiendo. Y digo necesidad no porque la educación sea un derecho constitucional, que lo es, sino porque la educación reglada es obligatoria y por tanto, la tienes que comprar tal cual te la vendan, te guste o no.

 

Como madre he vivido con asombro, enfado y decepción cómo la educación que recibían mis hijos en el colegio se convertía a causa del estado de alarma en un amasijo de tareas mal organizadas y peor explicadas, donde el mayor esfuerzo que han hecho los docentes es el de facilitar claves para acceder a los libros que se quedaron en el colegio, y subir tediosas tareas a una plataforma virtual de nivel cero.

 

Aunque supongo que más no se les puede pedir, porque quizás sean tan víctimas del sistema como lo somos nosotros.

 

Curiosamente dentro de esas tediosas tareas me he encontrado con una realmente interesante, la de reflexionar sobre este video de Adrián Paenza que a través de dos pequeñas historias nos habla del Pensamiento Lateral.

 

 

 

Y escuchando la segunda me pregunto de inmediato si muchos docentes no están actuando como los monos de la historia…

 

¿Estarán tan acostumbrados a hacer las cosas como se han hecho siempre que no se plantearán si es lo correcto?

 

¿De verdad alguien se ha parado a pensar si lo mejor para los alumnos era hacer deberes y deberes siguiendo una agenda planificada como si todavía estuvieran en el colegio?

 

¿Realmente no existía otra opción?

 

Quiero pensar que sí, que se lo han planteado, pero que por algún motivo no lo han hecho, o peor aún, no les han dejado.

 

Lo cual me lleva a concluir que nuestro actual sistema educativo se encuentra en una situación de abandono, y que tanto éste como los miembros que lo forman parecen haber olvidado completamente su misión, amparándose en la comodidad de seguir haciendo las cosas como siempre se han hecho, en cualquier circunstancia y pese a todo.

 

Su misión, que no es otra que dirigir el aprendizaje para 

Formar personas autónomas, críticas y con pensamiento propio.

 

Algo sumamente difícil si seguimos implantando conocimientos en las mentes de los alumnos como si de un chip se tratára, si seguimos valorando por encima de todo su memoria a corto plazo y continuamos utilizando sistemas que les son ajenos.

 

Y no se entiende.

 

Me voy a la LOMCE -Ley Orgánica 8/2013 para la Mejora de la Calidad Educativa– y me sumerjo en su preámbulo arañando textos vacuos como que «todos los estudiantes poseen talento»,  que «el sistema educativo debe contar con los mecanismos necesarios para reconocerlo y potenciarlo», o que «Los profundos cambios a los que se enfrenta la sociedad actual demandan una continua y reflexiva adecuación del sistema educativo a las emergentes demandas de aprendizaje».

 

Y digo vacuos porque sorprende ver cómo se habla de talento, de diversidad y de mecanismos, y se sigue haciendo lo mismo de siempre, aunque la situación no lo requiera.

 

Aun así  siempre hay que ver el lado positivo de las cosas, que no es otro que mostrar al mundo de forma clara que lo que hay no funciona, lo que también es una oportunidad para cambiar, asumiendo errores y si hace falta, empezar de cero.

 

Como dice Javier Tourón en su artículo Los retos de la escuela actual: de la enseñanza al aprendizaje «no hay otra solución que abordar un enfoque de la escuela, una transformación de la misma, que devuelva al estudiante, al alumno, el protagonismo que por la naturaleza de las cosas le corresponde. Una escuela centrada en el aprendizaje y no en la enseñanza».

 

Utilicemos los medios que tenemos, creemos nuevos si es preciso, pero pongamos de una vez  la EDUCACIÓN en el lugar que se merece.

 

 

Porque es la clave de todo, es la llave hacia el éxito. Nuestro futuro.

 

Y ahora más que nunca la vamos a necesitar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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