Hoy en día tenemos Apps para prácticamente todo, cualquier cosa que se nos ocurra por variopinta que sea se resuelve con una App, o si no con una buena consulta en Internet.

Sin embargo las Apps no saben sonreír, ni transmitir emociones, ni guiarte, aconsejarte, tratarte con cariño y respeto, simplemente no tienen empatía.

 

¡Y nos encantan!

 

No estoy en contra de las nuevas tecnologías, más bien soy una usuaria acérrima de las mismas (escribo mis post desde mi móvil y consulto habitualmente la red como si de un oráculo se tratara), pero -alguien me dijo una vez que si después de una frase ponías un pero lo anterior ya no importaba- no las estamos utilizando de manera adecuada.

 

¡Ala! pues ya lo he dicho…

 

Usamos las redes sociales para expresar nuestras opiniones, que no es malo, PERO no tenemos filtro. Como no vemos ni sentimos al prójimo lo mismo nos da leche que caldo teta. ¡Pues no! El respeto y las buenas maneras ante todo. La educación y si toca, pues una crítica constructiva son esenciales, porque destruir y atacar sin argumentos es de ignorantes, al menos de analfabetos en lo que a cortesía y a valores se refiere.

 

Usamos las Apps para ganar tiempo: hacer la compra más rápido, los servicios bancarios, citas médicas… ¡genial ¿Y qué hacemos con ese tiempo? Ver televisión y usar otras Apps de ocio.

 

Ya sé, el mundo va muy rápido… En ocasiones me siento igual que aquellos obreros que vivieron la revolución industrial observando a las maquinas hacer su trabajo, sintiendo pánico. Pero yo no temo a la revolución tecnológica laboralmente hablando, entiendo que nos reinventaremos como lo han hecho otros en el pasado, yo temo a la pérdida emocional que estamos sufriendo a consecuencia de ella. Mis tripas me dicen que perdemos alma, emociones y sentimientos por el camino.

Aun así no nos podemos permitir perder el tren ¿verdad?

 

 

 

¿O sí?

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