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En la lucha por la supervivencia se suele decir que prevalece la ley del más fuerte, sin embargo, tal y como apuntaba Charles Darwin en su Teoría de la selección natural, no sobrevive el más fuerte y lamentablemente tampoco lo hace el más inteligente, sino aquel que desarrollada las capacidades adecuadas para adaptarse al cambio, aquél que sencillamente evoluciona.

 

Evolucionar supone cambiar de forma gradual, bien sea nuestra conducta, nuestra actitud o incluso nuestras ideas. Pero este cambio, por muy necesario que sea para otros, debe partir de uno mismo, desde dentro hacia afuera, y para que éste se inicie al igual que en una explosión, se necesita un detonante, un motivo que nos incite a ello.

 

Y no hay mayor detonante que el miedo, el miedo a lo desconocido, a no estar preparados para lo que pueda venir, a no saber reaccionar a tiempo.

 

 

Primera Ley de Newton:  Ley de la Inercia. Todo cuerpo permanece en su estado de reposo o de movimiento rectilíneo uniforme a menos que otros cuerpos actúen sobre él.

 

 

El mundo está cambiando rápidamente desde hace muchísimo tiempo, no obstante, durante los últimos meses lo ha hecho a una velocidad vertiginosa y por ende, nuestra sociedad también.

 

Pero nuestra sociedad no está evolucionando como un todo, como un conjunto organizado formado por individuos que juegan de la misma manera y con las mismas reglas, sino que somos cada uno de nosotros a título personal quienes lo hacemos, enfrentándonos como mejor podemos a la posibilidad de perecer a causa de una enfermedad desconocida, a perder a nuestros seres queridos o a ver cómo nuestro statu quo se nos escurre entre los dedos como arena de playa.

 

Dicho esto, ¿Qué podemos hacer para sobrevivir? ¿Cuál va a ser nuestro siguiente paso? ¿Vamos a aprender algo de todo esto?

 

Estas son cuestiones que cualquier pensador se sentirá tentado a responder pero somos nosotros, a nivel individual, quienes debemos hacerlo.

 

La lucha por la supervivencia es nuestra, somos nosotros quienes protagonizamos la pelea y si queremos salir vencedores tendremos que evolucionar porque de no hacerlo, por muy fuertes que seamos, nos extinguiremos al igual que lo hicieron los dinosaurios hace más de sesenta millones de años.

 

¿Qué podemos hacer para sobrevivir?

 

En primer lugar pensar en que la supervivencia no es sólo una cuestión vital. Es decir, que no sólo atañe a nuestra longevidad, a los años que nos queden por vivir sino a un tiempo que va más allá de nuestra propia existencia. Se trata de dejar a las generaciones venideras no sólo un buen recuerdo sino unos determinados valores, enseñanzas o en definitiva, un buen legado.

 

Así que como individuo cabría preguntarse qué es lo que realmente queremos que prevalezca de nosotros. ¿Cómo queremos ser recordados? Y si ahora mismo no somos una representación de ello, lo primero que debemos hacer es cambiar.

 

Y cambiar desde ya, con fuerza, determinación y sin temor alguno.

 

Segunda Ley de Newton: Principio Fundamental de la Dinámica. La fuerza neta aplicada sobre un cuerpo es directamente proporcional a la aceleración que adquiere dicho cuerpo. 

 

¿Cuál va a ser  nuestro siguiente paso?

 

En segundo lugar pero no  menos importante debemos reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos. Sobre el modo en que nuestra forma de ser, nuestra actitud y nuestro comportamiento afecta a los demás. Porque somos individuos sí, pero todo cuanto hacemos y decimos afecta a otros, y debemos ser totalmente conscientes de ello.

 

Pongamos que tiramos piedras a un río, en consecuencia el río cambia. Puede que al hacerlo hayamos construido un pequeño refugio para que un salmón deposite sus huevas y éstas eclosionen convirtiéndose en grandes salmones que más adelante nos servirán de alimento. O puede que estemos taponando el nido en el que estos mismos salmones han depositado sus ovas, impidiéndoles incubarlas y por tanto eclosionar.

 

Tercera Ley de Newton: Principio de Acción-Reacción. Cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto.

 

¿Vamos a aprender algo de todo esto?

 

Sí, por supuesto. Siempre que tomemos consciencia de quiénes somos, de lo que hacemos, de lo que decimos y de cómo ello nos afecta a nosotros y a nuestro entorno.

 

En definitiva, sí, siempre que dejemos de ir por la vida en piloto automático, sin reflexionar y sin pensar, haciendo responsables a otros de todo lo que nos pasa y esperando a que sean ellos quienes nos saquen las castañas del fuego.

 

Que la sociedad está cambiando es un hecho, que nuestro presente ya no se asemeja en nada al ayer también, pero que el cambio se produce porque de algún modo lo hacemos todos nosotros es algo que en ocasiones parecemos obviar.

 

Ninguna sociedad cambia si no lo hacen sus individuos. Y no es cuestión de no evolucionar, porque todos lo hacemos, sino de ver hacia dónde vamos.

 

Que la lucha por la supervivencia se gana evolucionando, ya lo dijo Darwin, en cuanto al cómo, eso es cosa nuestra.

 

 

Como decía Mahatma Gandhi : «Sé tu el cambio que quieres ver en el mundo».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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