Un dos por uno

 

 

Te miras al espejo y te ves, aunque no te reconoces.

 

No es por ése cuerpo que desde hace años ya no es el tuyo y que a día de hoy ni siquiera te identifica. No es por tu pelo, que perdió su color natural a causa de esas mechas que estaban tan de moda y ahora se tiñe de blanco, marrón y amarillo a partes iguales. Tampoco por esa cara, más redonda que ovalada y por la que surcan ya más de dos arrugas. Y ni siquiera por esos labios, que te recuerdan besos del pasado cuando los teñías de rojo carmín.

 

 

Son tus ojos. Es tu mirar.

 

 

Ésa no eres tú. Y lo sabes. Pensándolo bien pareces un 2 x 1, como esas ofertas del supermercado.

 

Si miras fijamente aún ves algo, como un pequeño retazo de tu esencia. Y en tu mirada, si se quiere, se puede descubrir un mundo increíble.

 

No pasa nada. Lo dicho. Simplemente eres un 2 x 1.

 

Te calzas unos buenos tacones a juego con un bolso de moda y te conviertes en un instante en otra. Esa otra persona a la que todos creen conocer, a la que se permiten juzgar a veces muy a la ligera. Aquella a la que todos osan decir lo que tiene que hacer, y cómo debe ser. Esa con mil defectos, alguno de los cuales provoca risa, y que busca constantemente un reconocimiento que en realidad no precisa.

 

Pero es también esa persona que se siente capaz de interactuar con otros. Cuya empatía crea lazos duraderos, fuertes y sanos. Aquella en la que muchos confían y otros incluso admiran. La que con un par de copas de buen vino renace y brilla como una estrella, y que con su verborrea aturde y enamora.

 

Con ella te sientes a salvo porque pertenece al clan. Cuando eres ella no sientes tanto, no piensas tanto, y sí, por qué no decirlo, disfrutas mucho más de la vida.

 

 

¿Pero tú, quién eres en realidad?

 

 

Tú eres alguien distinto a todos cuantos conoces. Ni mejor, ni peor, sólo profundamente distinto.

 

Te sientes incapaz de situarte en el tiempo y en el espacio porque vives en todos a la vez. Y no estas loca. Es tu capacidad para ver pasado, presente y futuro en cada instante. Para estar en el ayer, el hoy y el mañana. Pero no sabes qué hacer con esto que no sirve para nada, como mucho para desestabilizarte.

 

Y para qué contarlo, o más bien, ¿Por qué no hacerlo?

 

No vas a encontrar a nadie que lo entienda. Como mucho dirán que estás loca o que tienes una crisis existencial, culpa de esas Altas Capacidades que gastas y que te hacen propensa a estas cosas.

 

¿Acaso no lo has leído recientemente? Los adultos superdotados son más propensos a sufrir depresión.

 

Pero no es por eso. Además no insistas, que tu no eres superdotada, sólo tienes altas capacidades, y no es para tanto.

 

Da igual. Si no te sientes mal. No tienes una depresión. Simplemente es la aguda certeza de conocer cada vez más a tu otro yo. Aquel que puja por salir y dejarse ver, pero al que nadie quiere, ni tú misma.

 

Ni siquiera le gusta a la que que se sube a unos tacones de lunes a viernes y se siente bien consigo misma. No, porque la inteligencia tampoco se viste de Prada.

 

Así que no, asúmelo. No tienes una depresión. Ni tienes una crisis existencial. Únicamente pasa que hoy te sientes valiente para dar un poco de visibilidad a ese 2×1 con el que convives a diario.

 

Porque se lo merece. Y porque no necesitas pedir permiso a nadie. Ni tampoco a ella.

 

Hola. Soy yo. Y existo. Yo también existo. Aunque mañana, cuando suene el despertador, me esfume durante horas como por arte de magia y no seas capaz de verme.

 

No porque no puedas, sino porque yo no quiero.

 

Piénsalo. 

 

 

 

 

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